lunes, julio 24, 2006

¿Es posible una alianza de civilizaciones?



Pocas preguntas tienen tanta carga de escepticismo como la que encabeza este artículo. La Humanidad está acostumbrada a la guerra desde que apareció sobre la faz de la Tierra. Desde que tenemos conciencia de nuestra historia no recordamos ningún momento de paz absoluta. Más bien al contrario, la violencia es uno de los signos identificadores de nuestra especie, a pesar de que tenemos eso que llaman razón. Una virtud que no utilizamos mucho. Con estos antecedentes no es de extrañar que la respuesta más común a tal pregunta sea un contundente “no”. Ahora, las noticias que nos llegan últimamente desde el avispero de Oriente Próximo sólo contribuyen a aumentar el pesimismo generalizado sobre el futuro de la convivencia humana. No hay esperanza, es así de crudo. ¿Es posible una alianza de civilizaciones? A día de hoy, comparto la opinión del 90% de la sociedad: Me temo que no.

La idea de un pacto entre las diversas, y diferentes, culturas del mundo que suponga la sustitución de los enfrentamientos por el diálogo y la cooperación, con el fin de llegar a una convivencia basada en unas reglas mínimas comunes que respeten todas las ideologías y costumbres sociales de esas civilizaciones es una idea utópica en sí misma. Una ilusión, un deseo, un sueño y, por tanto, un espejismo que no es real. Ya lo dijo Hobbes con su famosa cita: “El hombre es un lobo para el hombre”. Así ha sido siempre y no parece que hayamos encontrado el camino para que deje de serlo.

Quizá la propuesta del presidente Zapatero sea un buen comienzo para andar en la buena dirección. La Alianza de Civilizaciones patrocinada por el Gobierno español, con Turquía como compañero más comprometido, ya está en la ONU, donde un Grupo de Alto Nivel se está encargando de dar forma real a esta utopía. Su misión no es fácil, no basta con estar cargada de buenas intenciones. Desde que Huntington vaticinó que las relaciones internacionales en el siglo XXI estarían marcadas por el choque de civilizaciones los hechos no han hecho más que darle la razón. El bloque de Occidente está en guerra permanente con el bloque musulmán, y viceversa, en una lucha tanto dialéctica como de fuerza bruta. Terrorismo islamista, crisis de las caricaturas de Mahoma, tensión nuclear con Irán, conflicto entre Israel y sus vecinos, racismo y xenofobia… todo obedece a un mismo patrón: la falta de entendimiento entre los occidentales y los musulmanes.

La mayor crítica al proyecto reside en el hecho de que, por lo general, los países del mundo musulmán están controlados por regímenes teocráticos que basan su legalidad en la interpretación radical de los mandamientos divinos. Su mundo se puede asimilar a aquel que rigió a Europa durante la Edad Media, cuando la Iglesia era más poderosa que las monarquías. Sus preceptos llevados al extremo chocan con los derechos universales adoptados, a veces sólo en teoría, por las sociedades occidentales. Desde Occidente se dice que son ellos quienes tienen que acercarse a nosotros, mientras la comunidad musulmana ve en los occidentales al enemigo opresor e infiel. Seguramente, los dos bloques tienen algo de razón. Pero no se atisba ninguna forma eficaz para que se llegue a un entendimiento. No hay fórmulas magistrales. Recordemos a Hobbes.

La vicepresidenta De la Vega animaba ayer en Alicante a los jóvenes socialistas para que reclamaran el diálogo entre las civilizaciones como reacción ante “la alternativa agónica del choque de civilizaciones”. Ojalá fuera así. Pero estaríamos hablando de otro mundo. Haría falta una debacle global de consecuencias espantosas para que esa idea tomara cuerpo en las mentes de los miles de millones de seres humanos, por eso de que no reaccionamos hasta que no tenemos el problema encima. Algo así pasó con la creación de la ONU como organismo supranacional de intermediación en conflictos después del horror vivido entre la primera y la segunda guerras mundiales. De las cenizas surgió una esperanza. Pero nos volverá a pasar, y quizá la solución será una alianza de civilizaciones. Ahora no es posible. Aunque, eso sí, hay que intentarlo. Me resisto a perder la esperanza.

6 comentarios:

Bernardo dijo...

El hombre, entendido como como homo sapiens, lleva decenas de miles de años sobre la faz de la tierra. De ese periodo, mísero si se compara con los millones de años que se atribuyen a nuestro planeta, siendo muy indulgentes podemos otorgar unos 9.000 años de algo que se parezca a la civilización, desde SUmeria a nuestros días. Apenas hace quinientos que se rompio con la edad media y poco mas de doscientos que se acuñó el término de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Un soplo en la edad del universo.
Hemos evolucionado poquísimo, comparado con cualquier otra especie y en nuestro instinto aun prima la brutalidad del depredador sobre la conciencia humanista. Esto debería curarse a través de los milenios. El problema es que, al paso que vamos, me da que no llegaremos. Nos cargaremos antes el planeta.
Saludos, Mario. Aun a pesar de todo, es necesario intentar, si no una alianza, sí al menos un mínimo respeto entre civilizaciones.

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Venga...acepto a la "cultura" de los imanes, las fatwas, los velos y el burka como "civilización".