lunes, septiembre 11, 2006

11-S-06, el mundo se desmorona

Una imagen imposible de olvidar que todavía hoy nos sigue poniendo los pelos de punta... teníamos la sensación de estar viviendo la antesala de un cambio mundial

Esta es la cruda realidad:

Han pasado cinco años desde que asistimos en directo al ataque de Al Qaeda contra Estados Unidos y, como si fuera una premonición, del derrumbe de aquellas torres hemos pasado al desmoronamiento del mundo tal y como lo conocíamos. Nuestra seguridad está en precarias condiciones. Ya no hace falta estar en el frente de batalla para sentirse en peligro. Occidente, antes del 11-S, veía el drama humano como algo lejano, como algo propio del Tercer Mundo, de países atrasados. Nos sentíamos a salvo en nuestra burbuja de ignorancia. Pero la imagen de las torres ardiendo nos sacó de aquella plácida ilusión. Luego llegaron las discotecas de Bali, los trenes de Madrid, el metro de Londres,... como un recordatorio de que lo de Nueva York y Washington fue sólo el inicio de una larga y nueva confrontación. Por si no fuera bastante, no sólo tenemos que lamentarnos por nuestra seguridad perdida. No. Estos cinco años serán recordados con vergüenza en los libros de historia como la época en la que el mundo occidental perdió sus principios, sus valores y sus derechos. Nuestras democracias han perdido su esencia en la lucha contra la amenaza terrorista. Vivimos en un mundo más peligroso y menos libre. Esa es la herencia del 11-S, un mundo en ruinas.

Son las siete de la tarde mientras escribo estas líneas. A estas horas, hace ahora cinco años, medio mundo seguía pasmado frente al televisor, mientras veían boquiabiertos las imágenes repetidas de la caída de las torres, el derrumbamiento de uno de los símbolos de la supremacía occidental. El impacto de los aviones contra el World Trade Center, el Pentágono humeante, los trabajadores de las Torres Gemelas optando por una muerte más rápida al tirarse al vacío, el ennegrecido campo de Pennsylvania donde cayó el cuarto avión, Manhattan en estado de guerra, el enemigo en casa, la invulnerabilidad herida y lo inexplicable de la sinrazón. Para la posteridad quedará ese repetido 'Oh, my God!!!!' entre angustiado e incrédulo que quedará como símbolo sonoro de aquel aciago día en que despertamos de la bonanza en que creíamos habernos instalado. No nos lo creíamos, pero no había duda, era real, así que comenzamos a hacernos a la idea de que nada volvería a ser igual. El mundo entró en guerra ese día, y todos lo sabíamos.

De un plumazo se destruyó la ilusa teoría de Fukuyama, esa que adelantaba el fin de la historia con el desmoronamiento del comunismo y la supremacía incontestable del capitalismo. Nos las veíamos felices en nuestro plácido mundo lleno de ciudadanos convertidos a consumidores natos, pero olvidábamos que nuestra opulencia occidental había creado desigualdades en el mundo. Nosotros teníamos más porque negábamos a otros sus posesiones, contribuimos con nuestra avaricia a crear monstruos llenos de odio a lo occidental e incluso fue el propio Estados Unidos quien entrenó a esos que ahora se revolvían contra el imperio. Los amigos que ayudaron a derrotar al enemigo soviético en las montañas de Afganistán utilizaban ahora sus artes bélicas para golpear a su antiguo patrocinador. La desigualdad creo odio, y el odio cundió en las mentes de una panda de descerebrados que plantearon a Occidente el mayor de los retos al que nunca se ha enfretado. El choque de civilizaciones, por si alguien lo dudaba, se nos presentó en su faceta más cruel aquella mañana de septiembre.

El bofetón de Nueva York nos hizo despertar a la realidad. ¿Quién no pensó en aquellas horas de espanto en la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial? ¿Puede que estemos inmersos en ella? ¿Es posible que vengan días peores? ¿Es el mundo un lugar más peligroso para vivir que hace cinco años? Es inevitable que al hacernos estas preguntas sintamos un escalofrío en el espinazo, una sensación que proviene de la certeza de que esas preguntas tienen una respuesta afirmativa. Sí, el mundo se asienta sobre un precario equilibrio. Cualquier mal paso puede devenir en un desastre global, fruto del clima de odio, desconfianza y falta de entendimiento entre los dos bloques más combativos entre sí: Occidente y el mundo musulmán. ¿Buenos contra malos? No nos engañemos, esto es una lucha entre malos; la bondad no existe en nuestro actual orden mundial. De hecho, lo más descorazonador del panorama global es que la Humanidad ha perdido, precisamente, su humanidad. Ese es el gran logro de los terroristas, están consiguiendo que nos parezcamos a ellos, que desandemos el camino de las libertades.

Estos cinco años de observación del mundo me han enseñado una lección: desconfía de aquel que se arroga la bondad y plantea los conflictos en parámetros de buenos y malos; su radicalidad le acabará cegando y terminará por utilizar las mismas artimañas que el contrario en su intento por imponer sus ideas absolutas. Occidente tenía que dar una lección de humanidad a sus atacantes, pero desaprovechó la oportunidad al alinearse con unos locos que pervierten los valores de la democracia y la libertad que tanto nos costó alcanzar. Como no, el máximo exponente de esta esquizofrenia occidental lo tenemos en Irak, una guerra planteada de cara a la galería como una lucha contra el terrorismo que no ha hecho más que acrecentar la inseguridad del planeta. ¿Era necesario ponerse a la altura de los descerebrados? ¿Era prudente darles argumentos para que intentaran legitimar su odio? Muchos lo advertimos, pero no se nos escuchó. ¡Qué pena que nuestras democracias no funcionen para lo importante! El pueblo delegó en unos gobernantes que, en el momento de la verdad, impusieron su sinrazón sobre la lógica de la prudencia. Atacaron y engrasaron la espiral de violencia.

En Irak reina ahora el desgobierno. El terrorismo se ha instalado en su territorio, las muertes diarias se cuentan por decenas y los gobernantes se ven incapaces para poner orden sobre el puzzle de etnias que componen el país. El conflicto árabe-israelí continúa enquistado en Oriente Próximo, recordándonos cada cierto tiempo que la religión mal entendida y los nacionalismos irracionales son la lacra de nuestra arrogante especie. Irán amenaza al mundo con proseguir su programa nuclear, intentando hacernos creer que tiene buenas intenciones mientras se contradice al pregonar la destrucción de Israel y los infieles. La Unión Europea se vuelve ineficaz cuando más se le necesita como equilibrio entre los dos bloques radicalizados; aunque tendremos que otorgarle el beneficio de la duda ante la decidida actuación que parece estar promoviendo en la pacificación de Líbano.

La ONU es un mecanismo internacional, supuestamente neutral, que se paraliza en cuanto la superpotencia americana y su escudero inglés dirigen su pulgar hacia el suelo. Occidente en su conjunto traiciona sus propios ideales al restringir las libertades con la excusa de aumentar la seguridad de sus ciudadanos; los derechos humanos no tienen validez cuando se trata de destruir al enemigo. Y para colmo, por si el mundo no fuera ya un desastre, el emperador Bush II se encarga de atizar la hoguera con sus proclamas guerreras que sólo consiguen envilecer más todavía al monstruo islamista. El mundo está en crisis. Hace cinco años lo preveíamos. Hoy lo comprobamos.

6 comentarios:

Jose M. Sánchez "Daze" dijo...

"Vivimos en un mundo más peligroso y menos libre". Nada mas que decir, amigo. Así de simple, así de triste, así de real.

Reboot, El Diablillo Cojuelo dijo...

"como si fuera una premonición, del derrumbe de aquellas torres hemos pasado al desmoronamiento del mundo tal y como lo conocíamos."

Y la culpa es de Bush... O no, mejor aún, de Aznar.

Mario Toledo dijo...

Reboot, obviamente ni Bush ni Aznar tienen la culpa de los atentados del 11-S, la responsabilidad es íntegramente de los terroristas y de quienes les amparan. Pero en el estado caótico del mundo actual sí que tiene mucho que ver la respuesta desmedida de Occidente, con Estados Unidos a la cabeza. Y del recorte de las libertades y los derechos como fórmula equivocada para luchar contra el terrorismo también es responsable la Administración Bush. Y de la extensión de los odios y la sed de venganza contra Occidente también tienen mucho que ver las campañas bélicas sin sentido ni planificación emprendidas por los "aliados". Pero que yo diga esto, que es una realidad, no quiere decir que esté eximiendo de su responsabilidad a los gobiernos teocráticos islamistas que ayudan o justifican las acciones terroristas, o a esos grupos violentos que utilizan la religión como excusa para su barbarie.

Me remito al inicio del quinto párrafo del artículo, por si queda alguna duda. Sobra gente que vea las cosas en términos de blancos y negros, malos y buenos, enemigos y amigos,... Ese es el gran problema de la Humanidad, que sobran las mentes obtusas.

Un saludo.

Jesús dijo...

Un excelente artículo Mario.

Un perro madrileño dijo...

Me ha encantado, Mario...

Lo peor de todo es la desesperanza del desencuentro entre culturas que ha provocado todo ésto (¿o fue al revés?)...

Y yo no estoy acostumbrado a estar desesperanzado...

Mario Toledo dijo...

'Un perro madrileño', me alegro de que te haya encantado. Igual que tú, yo tampoco suelo estar desesperanzado, soy una persona optimista,... pero hay ocasiones en las que la realidad se encarga de quitarnos las ilusiones. Y parece evidente que este mundo está abocado a la ruina, porque el ser humano lo llevará a la destrucción. Esto no es alarmismo, ni ganas de asustar,... es, simplemente, la penosa realidad. Pero, bueno, como decía mi amigo Bernardo Muñoz en elsiglodelasluces.com siempre nos quedará la esperanza de que nuestras quejas, críticas y denuncias sirvan para encaminar este mundo por el buen camino. La reivindicación es la mejor forma de no dejarse llevar por el pesimismo.

Un saludo, y gracias a todos los que participáis.