viernes, agosto 04, 2006

Otros horrores (I): La sangría iraquí

Un soldado vigila una manifestación en Bagdad... las fuerzas de seguridad son uno de los objetivos más comunes de los atentados de la resistencia

Durante estos días de verano, el ojo mediático está puesto sobre el conflicto que libran Israel y la milicia libanesa Hezbolá, cuyos combatientes protagonizan la enésima guerra en Oriente Próximo. Noticias como las de la lluvia de cohetes lanzada por los radicales islamistas sobre territorio israelí o la masacre provocada por el Ejército de Israel al derribar un edificio en la bíblica Caná centran la actualidad internacional, con permiso de la enfermedad de Castro. Parece como si sólo existiera el conflicto árabe-israelí. La información sobre este punto del planeta prima sobre el resto de acontecimientos, por lo que nuestra ración diaria de maldad humana está ahora encarnada en los misiles israelíes y los ataques de Hezbolá. Pero este pequeño planeta esconde otros horrores que, por olvido, falta de espacio-tiempo o desinterés son relegados por los medios a un segundo plano. Con la sangría de Irak comienza una serie de artículos que pretende recordar de lo que es capaz el ser humano cuando antepone sus pasiones a la razón.

Desde la invasión de Irak por parte de tropas occidentales comandadas por los Estados Unidos, hace ya más de tres años, el país de Oriente Medio no sabe lo que es la convivencia pacífica. Antes de la caída de Sadam Husein sus vidas estaban privadas de libertad, viviendo bajo la amenaza constante de los antojos del dictador y sus colaboradores. Ahora que no está Sadam, su vida no es mucho mejor. Del miedo a contradecir al régimen han pasado al temor a salir a la calle por si son víctimas de la ola de violencia que sacude el país. Las decenas de muertos que cada día provoca la resistencia suní son un recordatorio de que Irak todavía está en guerra. La campaña militar de invasión terminó con el éxito del derrocamiento del sanguinario Husein, pero también trajo consigo un debilitamiento del poder y la autoridad, un ambiente en el que se desenvuelven sin problemas los grupos terroristas de resistencia al régimen avalado por los norteamericanos.

La consecuencia más dramática es la muerte de ciudadanos. El departamento de Sanidad iraquí calcula que sólo durante el pasado mes de julio perdieron la vida más de mil civiles, 135 miembros de las fuerzas de seguridad y 143 insurgentes, mientras que cerca de 1.800 civiles resultaron heridos. El recuento de muertos que elabora la organización Iraq Body Count desde que comenzó el conflicto en marzo de 2003 alcanza ya la cifra de 39.702 civiles fallecidos como mínimo, y 44.191 como máximo. Todos los días las bombas sacuden alguna ciudad iraquí, pero pasamos de largo ante el terror que sufren en la cuna de la civilización humana. Nos hemos acostumbrado a ver subir el contador de víctimas y ya no nos impresionan los atentados contra filas de personas que buscan empleo, contra jóvenes que juegan un partido de fútbol o contra aquellos que van a comprar al mercado. Somos inmunes al horror.

A Estados Unidos le cuesta cada vez más proclamar sus éxitos en la guerra de Irak. Bush ya no sale tan a menudo a la palestra para convencer de que tras la ocupación llegará la democracia al país, porque este futuro es altamente improbable a la vista de los acontecimientos. Todo parece indicar, y así lo han reconocido incluso generales estadounidenses, que Irak está abocado a una nueva guerra civil entre las etnias que configuran su territorio. La mayoría chií tiene ahora el poder y la protección de Estados Unidos, pero los seguidores suníes de Sadam amenazan con romper un equilibrio que pende de un fino hilo. Al norte, los kurdos tampoco parecen dispuestos a olvidar sus reivindicaciones territoriales y estarían dispuestos a luchar en caso de que la ola de violencia se convierta en guerra. No hay solución a la vista. Seguro que Irak volverá a convertirse pronto en noticia de portada. La gravedad de lo que allí ocurre aconseja que no abandone ese lugar, aunque allí la muerte ya no sea noticia.

3 comentarios:

Juan Carlos Morgado dijo...

La guerra contra la hambruna en Africa aun sigue en pie, pero ya no es atractiva para los Noticieros.

Una pena... cada día mueren más inocentes por las guerras que no acabarán por que el hombre desde que es hombre mata por el ambisioso poder.

Mario Toledo dijo...

Es cierto, Juan Carlos, el hambre que pasa África, a sólo unos kilómetros de la acomodada Europa, es quizá el mayor horror que vive el ser humano. Hay recursos para alimentar a todos los habitantes del planeta, pero o son mal aprovechados, o son desperdiciados o son negados a cambio de beneficios para unos pocos.
Juan Carlos, cogeré tu idea como una propuesta para próximos artículos.
Un saludo.

Omar H. Sancho dijo...

Guerras camufladas en Irak, en Líbano, en África, en Sudamérica,... por todas partes. Miremos donde miremos, en todo el mundo hay conflictos armados (unos con más publicidad mediática que otros).

El problema es que el ser humano es un ser destructivo por naturaleza. No sabemos convivir en paz con el vecino (y mucho menos con el que no cocnocemos de nada). Para muestra un botón (sé que no está bien generalizar, per a veces se ha de hacer): Los alicantinos nos llevamos mal con los ilicitanos, a su vez, con los valencianos, éstos con Madrid, y los madrileños con Cataluña y el País Vasco. Pero, además, los españoles nos llevamos mal con muchos de los que mandan en la UE y, a su vez, la UE no se lleva demasiado bien con EE.UU.

Si no somos capaces de entendernos entre nosotros mismos, cómo vamos a ser capaces de entendernos con otras culturas y pueblos diferentes, habiendo, además, dinero, poder y política por en medio (¿por qué si no, la ONU permite a Israel hacer lo que quiera?).

Si estás en contra del genocidio de Oriente Próximo te llaman antisemita. Y mi pregunta es: ¿por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo?, es decir, ¿por qué eres antisemita cunado quieren decir antiamericano? Porque no me negarán que si los judíos no controlaran todo lo que controlan en EE.UU., Israel no estaría ahora de rositas ¿verdad?.

En fin, que los EE.UU. (y sus amigotes) extienden sus tentáculos por todo el horizonte conocido, siempre con el mismo resultado: ¡¡UNA CAGADA DE COJONES!! (Eso sí, pero ellos se llenan el bolsillo que es lo único que parece interesarles). :-(