lunes, junio 26, 2006

Vértigo ante el proceso

Allá por el mes de marzo, cuando ETA anunció su alto el fuego permanente, el presidente del Gobierno ya alertó de que el camino hacia el fin del terrorismo etarra sería largo y complicado. Zapatero no descartó la aparición de escollos. De hecho, anunciar que este proceso sería un camino de rosas habría sido de una enorme ingenuidad. Ahora, tres meses después, el proceso atraviesa uno de esos puntos de enorme dificultad. Parece que todo se vuelve en contra de los deseos de la gran mayoría y en poco tiempo hemos pasado de la esperanza a la incertidumbre. Las últimas noticias nos han hecho caer en un estado de desconfianza hacia lo que nos depara el futuro de la negociación con ETA. Desde todos los extremos se han encargado de ponerle las cosas difíciles al Gobierno, pero Zapatero tendrá que encontrar una solución a este problema. Es su obligación.

Se acaba el plazo establecido por el presidente para dar cuenta al Congreso de su intención de abrir negociaciones con la banda terrorista. Junio era el límite, y junio se acaba. En los próximos días, quizá mañana, Zapatero anunciará la apertura del proceso, pero esta comparecencia llega en un momento comprometido, con la oposición intentando desbaratar el proyecto del Gobierno, los terroristas emitiendo comunicados con exigencias inaceptables por el Estado de Derecho y los tribunales llenos de etarras que se jactan de los crímenes cometidos. Con este panorama, el Gobierno se está metiendo en la boca del lobo, está adentrándose en una cueva repleta de alimañas a la espera de un traspiés que dé al traste con todo lo adelantado hasta el momento. Pero alguien tendrá que intentarlo.

Lo grave es que las dificultades no sólo vienen por parte del entorno etarra, que sería lo esperable, sino que también proceden del Partido Popular, una formación que está arrastrando un enorme clamor popular hacia el abismo de la irresponsable radicalidad. El apoyo del PP sería deseable en este proceso, porque de lo contrario estamos dando a los etarras una imagen de desunión, de debilidad del Estado. Y el Estado no se puede permitir ese lujo cuando estamos intentando resolver el mayor problema nacional, ese que llevamos cuatro décadas sufriendo. Pero los 'populares' ya han adelantado su negativa de apoyo; y no sólo eso, sino que se dedican a poner obstáculos y a jalear como éxitos todos los acontecimientos que demuestran que el proceso se está atascando. No hay remedio, el Gobierno tendrá que ir solo por el camino. Aunque, al menos tiene un apoyo social mayoritario, que es lo que importa.

Mientras, el enemigo etarra no hace nada por ganarse la confianza de la sociedad y continúa encastillado en sus posiciones perpetuas: derecho de autodeterminación y fin de la "represión" jurídica y policial. Así no avanzamos. Hasta que no se arrepientan por sus atroces asesinatos y las injustas pérdidas de vida que han provocado no habrá nada que hacer. No hablamos el mismo idioma moral, parece ser, y así es muy difícil avanzar por la línea que marca la razón. Llaman represión al imperio de la ley, conciben las detenciones de etarras como una negación de sus libertades, se niegan a declarar ante los jueces de la Audiencia Nacional porque no reconocen su autoridad,... en definitiva, viven anclados en su propia visión anárquica de la realidad, un anarquismo trasnochado que va a complicar su reinserción en la sociedad civil.

Los jueces y las fuerzas de seguridad están demostrando saber estar a la altura de las circunstancias. Conforme está el ambiente, podrían caer en la tentación de relajar su persecución a los criminales, plegándose a los chantajes de los etarras. Sin embargo, el Estado de Derecho, con el juez Grande-Marlaska como cabeza visible de la ejecución de las leyes, no está en tregua. La detención de los miembros de la red de extorsión de ETA, con la colaboración de la policía francesa, y el juicio al asesino de Miguel Ángel Blanco, 'Txapote', muestran que los agoreros mienten al insinuar que Zapatero va a rendirse ante las condiciones de ETA. La división de poderes funciona y la Justicia española, al menos en este sentido, es efectiva.

Así están las cosas. Al Gobierno le salen enemigos por todas partes, desde la irresponsabilidad del PP hasta la inmoralidad de los etarras. Con este panorama es difícil que lleguemos a buen puerto. Ojalá me equivoque. Ojalá rectifique quien tenga que rectificar.

4 comentarios:

Júcaro dijo...

Buen artículo, Mario. Sobre el tema apunto algunas cosas.

Del Partido Popular no espero el más mínimo apoyo, considero que siempre tienen el cálculo electoral cada vez que se pronuncian y no están dispuestos a ceder ante la posibilidad de que sea Zapatero quien nos lleve a la paz.

Del entorno etarra tampoco espero mucho, pero creo que son conscientes de que esta batalla, de conseguir sus aspiraciones con la violencia y el asesinato, la tienen perdida; pienso que están en la fase de satisfacer a sus seguidores, de darles argumentos para firmar la renuncia a la lucha armada. En este sentido sus comunicados no tienen otra significación.

La actitud de la justicia es más complicada. Por una parte tiene que hacer cumplir la legalidad y por otra está obligada a realizar la interpretación más adecuada. Así, si la "alarma social" se invoca para sancionar más “duramente” una determinada acción, de la misma manera el deseo generalizado de la paz, debiera ser considerado en elmomento de administrar justicia. El artículo 117.1 de la actual Constitución dice que “La justicia emana del pueblo“. Esta frase se me viene a la memoria cada vez que un juez como Grande-Marlaska toma una decisión sorprendente comolas que ha tomado estefin de semana.

Saludos.

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